Capítulo17: El retorno del pasado

Posted by SOCIALISMO REVOLUCIONARIO On lunes, 25 de agosto de 2008 0 comentarios

No se puede menos que estar de acuerdo con el profesor Lewis W. Douglas, el primer Director de Presupuestos en la administración de Roosevelt, cuando condena al gobierno por “atacar” el monopolio en un campo mientras fomenta el monopolio en otros muchos. Sin embargo, en la realidad, no puede ser de otra manera. Según Marx, el gobierno es el comité ejecutivo de la clase gobernante. Ningún gobierno se halla en situación de luchar contra el monopolio en general, es decir, contra la clase en cuyo nombre gobierna. Mientras ataca a algunos monopolios se halla obligado a buscar un aliado en otros monopolios. Unido con los bancos y con la industria ligera puede descargar golpes contra los “trusts” de la industria pesada, los cuales no dejan de cosechar por ese motivo beneficios fantásticos.


Lewis Douglas no contrapone la ciencia a la charlatanería oficial, sino simplemente otra clase de charlatanería. Ve la fuente del monopolio no en el capitalismo sino en el proteccionismo y, de acuerdo con eso, descubre la salvación de la sociedad no en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, sino en la rebaja de los derechos de aduana. “A menos que se restaure la libertad de los mercados -predice- es difícil que la libertad de todas las instituciones -empresas, libertad de palabra, educación, religión- pueda sobrevivir.” En otras palabras, sin el restablecimiento de la libertad del comercio internacional, la democracia dondequiera y en cualquier extensión que haya sobrevivido, debe ceder a una dictadura revolucionaria o fascista. Pero la libertad del comercio internacional es inconcebible sin la dominación del monopolio. Por desgracia, Mr. Douglas, lo mismo que Mr. Ickes, lo mismo que Mr. Jackson, lo mismo que Mr. Cummings, y lo mismo que el propio Roosevelt, no se ha molestado en indicarnos su propia medicina contra el capitalismo monopolista y en consecuencia contra una revolución o un régimen totalitario.


La libertad de comercio, como la libertad de competencia, como la prosperidad de la clase media, pertenecen irrevocablemente al pasado. Conducirnos al pasado es ahora la única medicina de los reformadores democráticos del capitalismo: dar más “libertad” a pequeños y medianos industriales y hombres de negocios, cambiar en su favor el sistema de créditos y de moneda, liberar al mercado del dominio de los “trusts”, eliminar a los especuladores profesionales de la Bolsa, restaurar la libertad del comercio internacional, y así hasta el infinito. Los reformadores sueñan incluso con limitar el uso de las máquinas y decretar la proscripción de la técnica, que perturba el equilibrio social y causa muchas preocupaciones.

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